Durante los meses de setiembre y octubre de 2008, la crisis financiera internacional que comenzara en julio del año 2007 con la implosión del mercado de crédito hipotecario “sub-prime”, alcanzó su “punto máximo”, provocando la quiebra de instituciones que eran pilares del sistema financiero norteamericano. Así, en pocos días el gobierno de EE.UU. tuvo que intervenir para evitar la quiebra de Fannie Mae y Freddie Mac, las dos agencias del gobierno federal responsables directa e indirectamente de alrededor del 50% del total del stock de hipotecas en la economía norteamericana (y de más del 70% del crédito hipotecario nuevo en este año 2008); el banco de inversión Lehman Brothers (el cuarto más grande y con 158 años de historia) tuvo que solicitar la quiebra al tiempo de que el Bank of America adquirió a la firma Merrill Lynch; y la Reserva Federal tuvo que salir a rescatar a la empresa AIG (hasta no hace mucho el grupo asegurador más grande del mundo) con un préstamo de US$ 85 billones, para evitar su quiebra.
A pesar de todas las inyecciones de liquidez suministradas por los bancos centrales de todo el mundo, y del anuncio realizado el 19 de setiembre de un plan de rescate del sistema financiero realizado por el Tesoro de EE.UU., la situación no ha dado señales de mejoría, y de hecho al viernes 10 de octubre el sistema financiero mundial estaba al borde del colapso, ante la desconfianza generalizada de los ahorristas. Afortunadamente, a partir del lunes 13 de octubre los gobiernos de Europa y de EE.UU. anunciaron medidas de capitalización directa de las instituciones financieras, así como que estaban dispuestas a garantizar los préstamos que las mismas tomaran durante los próximos dos años, en un paquete que implica la utilización de alrededor de US$ 3 trillones en total, lo que junto a las nuevas bajas de tasas de interés dispuestas por los bancos centrales, parece estar comenzando gradualmente a “descongelar” la parálisis del mercado de crédito.
A esta altura, nadie duda que la actual crisis financiera es la mayor que enfrenta la economía norteamericana desde la Gran Depresión de los años ´30. Ante la celeridad con la que el pesimismo, la desesperación y el pánico fue ganando a los inversores no sólo en los EE.UU. sino en todo el mundo, las autoridades norteamericanas anunciaron nuevas medidas para intentar contener la crisis financiera, de una magnitud sólo comparable a las adoptadas durante el Gran Depresión de los años ´30. Estas medidas han tenido un impacto inicial positivo, permitiendo una cierta estabilización de la situación en el corto plazo, pero parece evidente que el escenario económico y financiero internacional ha cambiado de manera importante como resultado de la crisis del mercado de crédito, cuyas consecuencias se seguirán sintiendo durante varios trimestres más.
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